El crecimiento de plantas solares y aerogeneradores en el Sureste abre el debate sobre su impacto paisajístico y social
FUENTE: MARIA ANTONIA
La implantación de nuevas instalaciones energéticas en zonas rurales y periurbanas está transformando de forma progresiva el paisaje tradicional del Sureste, un territorio caracterizado por su identidad agrícola, espacios abiertos y valores naturales.
Transición energética y transformación del territorio
Las administraciones públicas y el sector energético coinciden en la necesidad de avanzar hacia un modelo energético más sostenible, en línea con los compromisos europeos y autonómicos de descarbonización.
Sin embargo, el ritmo de implantación de nuevas infraestructuras —especialmente grandes plantas solares en suelo rústico y parques eólicos en zonas visibles— está modificando la percepción visual del entorno, generando inquietud entre vecinos y colectivos locales.
Entre las principales preocupaciones ciudadanas destacan:
La ocupación intensiva de suelo agrícola o potencialmente productivo.
La alteración del paisaje y del horizonte visual en zonas residenciales y rurales.
El impacto acumulativo de múltiples proyectos en un mismo territorio.
La sensación de escaso retorno directo para la población local.
Impacto audiovisual y calidad de vida
El impacto audiovisual se ha convertido en uno de los elementos más sensibles del debate. En el caso de los parques eólicos, algunos vecinos señalan molestias derivadas del ruido o del efecto sombra intermitente. En las instalaciones fotovoltaicas, la principal preocupación se centra en la transformación del paisaje y la pérdida de la imagen tradicional del territorio.
Este factor cobra especial relevancia en el Sureste, donde el paisaje forma parte de la identidad local y del atractivo del entorno tanto para residentes como para visitantes.
La clave: equilibrio y retorno social
Expertos en planificación territorial coinciden en que el reto no es frenar la transición energética, sino gestionarla con criterios de equilibrio territorial, ordenación adecuada y participación ciudadana.
Entre las medidas que se plantean como necesarias destacan:
Una planificación insular coordinada que evite la concentración excesiva en determinadas zonas.
La priorización de instalaciones en cubiertas industriales, urbanas y espacios ya transformados.
Procesos de información y participación vecinal desde las fases iniciales.
Mecanismos de compensación o retorno económico para los municipios y sus habitantes.
Un territorio estratégico en el modelo energético de la isla
El Sureste reúne condiciones óptimas para la generación renovable, como alta radiación solar, régimen de vientos favorable y disponibilidad de suelo. Esto lo sitúa como un área clave en la estrategia energética de Gran Canaria.
No obstante, el crecimiento de estas infraestructuras plantea un nuevo escenario: compatibilizar la sostenibilidad energética con la protección del paisaje, el equilibrio territorial y el bienestar de la población.
El debate ya está sobre la mesa. El reto ahora es claro: avanzar hacia un modelo energético limpio, pero también socialmente aceptado y territorialmente sostenible










