AGÜIMES OPINIÓN | Del tomate a las placas solares: ¿qué ganó y qué perdió el Sureste de Gran Canaria?

Durante décadas, el Sureste de Gran Canaria fue sinónimo de agricultura.
Miles de familias vivieron del cultivo del tomate de exportación, un sector que convirtió a municipios como Agüimes, Ingenio y Santa Lucía de Tirajana en uno de los principales motores económicos de la isla.
La campaña del tomate, conocida popularmente como la zafra, generaba miles de empleos directos e indirectos.
Hombres y mujeres encontraban trabajo en el cultivo, la recogida, el empaquetado, el transporte y la exportación.
Para muchas familias, la aparcería y el trabajo agrícola representaban una oportunidad de empleo estable durante gran parte del año.
Hoy el paisaje ha cambiado de forma radical.
Donde antes había grandes extensiones de cultivo, ahora abundan instalaciones fotovoltaicas, parques eólicos e invernaderos abandonados.
La transición energética avanza con fuerza y responde a un objetivo compartido: reducir las emisiones, disminuir la dependencia de los combustibles fósiles y aumentar la producción de energía renovable.
Sin embargo, esta transformación también plantea preguntas legítimas.
¿Qué ocurrió con los miles de puestos de trabajo que generaba el sector agrícola? ¿Se han creado empleos equivalentes? ¿Quién obtiene el principal beneficio económico del cambio de uso de esos terrenos? ¿Qué impacto tiene esta transformación sobre el desarrollo económico del Sureste?
Las instalaciones de energías renovables generan empleo, especialmente durante la fase de construcción y mantenimiento, pero su capacidad para absorber el volumen de mano de obra que durante décadas sostuvo el cultivo del tomate es mucho menor.
Al mismo tiempo, muchos ciudadanos se preguntan por qué, si Canarias produce cada vez más energía renovable, la factura eléctrica sigue siendo una preocupación para familias y empresas.
Conviene recordar que el precio final de la electricidad depende de numerosos factores —costes regulados, transporte y distribución, impuestos y funcionamiento del mercado eléctrico— y no exclusivamente del aumento de la producción renovable.
La transición energética es necesaria, pero también lo es abrir un debate sobre cómo repartir sus beneficios entre la sociedad.
El desarrollo de parques solares y eólicos debería ir acompañado de oportunidades para el empleo local, compensaciones para los municipios afectados y medidas que contribuyan a reducir los costes energéticos de hogares y empresas.
El Sureste ha cambiado profundamente en apenas dos décadas.
El reto ahora consiste en que ese nuevo modelo económico sea capaz de generar riqueza, empleo y bienestar para quienes viven en el territorio, sin olvidar la historia de un sector agrícola que marcó la identidad de toda una comarca.










