Opinión | La política no puede convertirse en un refugio frente a la corrupción
Las recientes declaraciones del secretario general del PSOE de Gran Canaria, Sebastián Franquis, respaldando a Ángel Víctor Torres como referente político para las elecciones de 2027 vuelven a abrir un debate que preocupa a muchos ciudadanos: ¿dónde queda la exigencia de responsabilidad política cuando un partido se enfrenta a graves casos de presunta corrupción?
La democracia no solo se fortalece ganando elecciones.
También se fortalece cuando los responsables públicos asumen responsabilidades, dan explicaciones y actúan con ejemplaridad.
Los ciudadanos pagan sus impuestos esperando que se administren con rigor, transparencia y honestidad.
Por eso, cuando aparecen investigaciones judiciales o procedimientos relacionados con el uso de fondos públicos, lo que esperan de sus representantes no es un cierre de filas automático, sino una respuesta clara y contundente en defensa del interés general.
La política no debería consistir en proteger siglas o dirigentes por encima de los principios.
Su finalidad es mejorar la vida de los ciudadanos, gestionar correctamente los recursos públicos y rendir cuentas cuando las circunstancias lo exigen.
Canarias necesita representantes centrados en resolver los problemas reales: el acceso a la vivienda, la sanidad, la dependencia, la seguridad, el empleo y el coste de la vida.
Son esas cuestiones las que preocupan diariamente a miles de familias.
En democracia, la confianza de la ciudadanía se gana con hechos, con transparencia y con responsabilidad.
Defender esos valores es la mejor manera de fortalecer las instituciones y de preservar el prestigio de la política.
La crítica política es legítima y necesaria, pero también lo es exigir a todos los partidos, sin excepción, un compromiso firme con la integridad pública y la buena gestión.
Braulio Rodriguez










