¿Quién falla en la educación canaria: la Administración, los docentes, las familias o el alumnado?

Los malos resultados no tienen un único responsable, pero obligan a revisar la gestión educativa, el esfuerzo, el absentismo, el uso de las pantallas y la implicación familiar


Los últimos resultados educativos han vuelto a encender las alarmas en Canarias. El retroceso en comprensión lectora, matemáticas y ciencias exige algo más que buscar culpables rápidos: obliga a analizar con rigor qué está fallando dentro y fuera de las aulas.


¿Son responsables los docentes? ¿Ha disminuido el esfuerzo del alumnado? ¿Las familias se han alejado del seguimiento escolar? ¿Existen demasiadas fiestas y puentes? ¿O estamos ante un sistema educativo que cambia constantemente de leyes, programas y métodos sin evaluar correctamente sus resultados?


La respuesta no es sencilla: la responsabilidad es compartida, pero la Administración educativa tiene la obligación de liderar la solución.


Los docentes no pueden cargar con toda la responsabilidad


La mayoría del profesorado desarrolla su trabajo con profesionalidad, muchas veces en aulas numerosas, con alumnado que presenta necesidades muy diferentes y con una carga burocrática que resta tiempo a la preparación de las clases.


Sin embargo, defender la labor docente no significa renunciar a la evaluación. Como sucede en cualquier servicio público, debe existir formación permanente, actualización de conocimientos, control del desempeño y capacidad para corregir incumplimientos concretos.


También resulta necesario cubrir rápidamente las bajas, estabilizar las plantillas y reforzar las materias con mayores dificultades para encontrar docentes, especialmente matemáticas, ciencias, idiomas y formación profesional.


La educación necesita profesores respetados y respaldados, pero también responsables y sometidos a una evaluación constructiva.


Menos concentración y más dependencia de las pantallas


Parte del alumnado presenta dificultades para mantener la atención, comprender textos largos, escribir correctamente o resolver problemas sin recibir una respuesta inmediata.

El uso intensivo del teléfono móvil, las redes sociales y determinados contenidos digitales puede afectar a la concentración cuando no existen límites. La tecnología es una herramienta valiosa, pero no puede sustituir la lectura pausada, la escritura manual, el razonamiento ni el esfuerzo personal.


La inteligencia artificial también debe utilizarse con criterio. Puede ayudar a aprender, pero se convierte en un problema cuando se emplea únicamente para copiar una respuesta sin comprenderla.


No se trata de regresar al pasado, sino de recuperar habilidades básicas que ninguna pantalla puede desarrollar por sí sola.


La educación también comienza en casa


Los centros educativos no pueden asumir en solitario toda la formación académica, emocional y social de los menores.


Las familias tienen un papel esencial estableciendo horarios, controlando el uso de móviles, fomentando la lectura, garantizando el descanso y haciendo un seguimiento real de la asistencia y las tareas.


Cuando las normas del centro son desautorizadas constantemente desde casa, el profesorado pierde autoridad y el alumnado recibe mensajes contradictorios.


La colaboración entre familias y docentes no puede limitarse a acudir al colegio cuando surge un problema. Debe mantenerse durante todo el curso.


¿Hay demasiadas fiestas y puentes?


Canarias debe cumplir, como el resto de España, un mínimo general de 175 días lectivos por curso. Por tanto, no puede afirmarse que los malos resultados se deban exclusivamente al número de fiestas.


Ahora bien, la acumulación de festivos, días de libre disposición y puentes puede fragmentar el ritmo académico, especialmente si coincide con el inicio o el final de los trimestres.


La cuestión no es solamente cuántos días permanece abierto un centro, sino cuánto tiempo efectivo se dedica a enseñar y aprender. Una jornada lectiva pierde valor si existe absentismo, falta de puntualidad, interrupciones continuas o una parte importante del alumnado desconecta de la actividad.


El calendario escolar debe organizarse atendiendo a criterios educativos y de conciliación familiar, evitando que se convierta cada año en un rompecabezas. Porque hay puentes que unen territorios y otros que terminan separando al alumnado de los libros.


La desigualdad condiciona los resultados


No todos los estudiantes parten desde la misma posición. La situación económica familiar, la vivienda, el acceso a material escolar, la alimentación, la estabilidad emocional y la posibilidad de recibir apoyo académico influyen directamente en el rendimiento.


Los centros situados en barrios con mayor vulnerabilidad necesitan más orientación, atención psicológica, profesorado de apoyo y programas específicos contra el absentismo.


Aplicar exactamente los mismos recursos a realidades educativas diferentes no garantiza igualdad. La verdadera igualdad consiste en ofrecer más apoyo a quien comienza con mayores dificultades.


La Administración debe evaluar y rendir cuentas


Canarias necesita estabilidad normativa, planificación a medio plazo y una evaluación pública de sus políticas educativas.


No basta con anunciar nuevos programas, repartir dispositivos electrónicos o modificar los métodos de enseñanza. Es imprescindible conocer qué medidas mejoran realmente la comprensión lectora, las matemáticas, las ciencias y la convivencia escolar.


La Administración debe publicar objetivos concretos, plazos, presupuesto y resultados verificables. También debería facilitar información territorial que permita conocer la evolución educativa de comarcas como el Sureste de Gran Canaria, respetando siempre la protección de los menores y evitando clasificaciones injustas entre centros.


Una responsabilidad compartida, pero no diluida


Los docentes deben enseñar y actualizarse; el alumnado debe asistir, respetar las normas y esforzarse; las familias deben acompañar y establecer límites; y la Administración debe aportar recursos, organización, estabilidad y evaluación.


Decir que todos somos responsables no puede utilizarse para que nadie responda.

Canarias necesita un gran acuerdo educativo que sobreviva a los cambios políticos y coloque en el centro la comprensión lectora, el razonamiento matemático, el conocimiento científico, la convivencia y la igualdad de oportunidades.



El debate no debe centrarse únicamente en quién ha fallado, sino en qué cambios se aplicarán desde ahora, quién comprobará sus resultados y cuándo se informará públicamente a las familias.


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