OPINION: Pymes y autónomos: trabajar no puede convertirse en una carrera de supervivencia

Por Antonio Vélez Pérez
Considero insostenible exigir cada vez más a las pequeñas empresas y a los autónomos sin facilitarles las condiciones necesarias para mantener su actividad. Detrás de un comercio, un restaurante, un taller o una pequeña empresa de servicios hay personas que arriesgan sus ahorros, comprometen su patrimonio y trabajan pendientes de que las cuentas cuadren al final del mes.
La dificultad para encontrar personal, las ausencias que complican la organización del trabajo, los costes de funcionamiento y las exigencias administrativas pueden colocar a un pequeño negocio contra las cuerdas. En una plantilla reducida, cualquier incidencia obliga a reorganizar horarios, asumir más tareas o limitar el servicio.
El absentismo merece abordarse con rigor. Una baja médica justificada requiere respeto y protección. Al mismo tiempo, las pequeñas empresas necesitan herramientas para gestionar las sustituciones y respuestas eficaces frente a los incumplimientos injustificados. Defender la salud y garantizar la continuidad de un negocio son objetivos compatibles.
También debemos hablar de la Administración. Reclamo trámites comprensibles, menos duplicidades, plazos razonables y asesoramiento accesible. Quien abre un negocio necesita dedicar tiempo a atender clientes y generar ingresos. La burocracia debe ser proporcional a la dimensión y a los riesgos de cada actividad.
Ante este escenario, propongo potenciar de verdad el trabajo autónomo como una vía de desarrollo profesional y de colaboración entre empresas.
Quien quiera trabajar con independencia, organizar su actividad y desarrollar una cartera propia de clientes debería encontrar facilidades para hacerlo. Si una persona prefiere ser su propio jefe, ayudémosla a convertir esa aspiración en un proyecto viable, con formación, acompañamiento y posibilidades reales de financiación.
Esa libertad lleva aparejada responsabilidad: presupuestar, cumplir compromisos, gestionar gastos, cotizar y responder por la calidad del servicio. Ser autónomo exige oficio y capacidad de gestión. Por eso, promover el autoempleo requiere mucho más que animar a alguien a darse de alta.
Defiendo acuerdos entre pequeñas empresas y profesionales independientes con condiciones claras, precios que permitan vivir del trabajo y pagos puntuales. Esta colaboración puede abrir oportunidades y ayudar a cubrir necesidades especializadas.
El modelo debe sustentarse en una independencia real. Cuando existe una relación laboral, debe formalizarse como tal. El autoempleo debe ser una elección viable, y la contratación asalariada también debe resultar sostenible para quien genera empleo.
Mi propuesta es concreta: simplificar la gestión administrativa, mejorar la formación vinculada a los oficios, facilitar el relevo generacional, combatir la morosidad y escuchar a quienes sostienen los negocios de nuestros barrios. Las administraciones deben empezar dando ejemplo con el cumplimiento de sus pagos.
Tenemos que dejar de medir el apoyo al emprendimiento por el número de anuncios y empezar a medirlo por la capacidad de los negocios para mantenerse abiertos, pagar dignamente y crecer.
Cada pequeña empresa que cierra deja consecuencias en su entorno: se pierde actividad, servicio y oportunidades. Cada autónomo que logra consolidarse fortalece la economía local.
A quienes quieren contratar, facilidades para crear empleo. A quienes quieren emprender, condiciones para hacerlo. Y a quienes llevan años resistiendo, respuestas concretas antes de que bajen la persiana.










